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 NOSOTROS/SAN GABRIEL

San Gabriel

Su Vida

Tal vez no es un santo de los más conocidos y es verdad que no cambió la historia de su tiempo, sin embargo su vida nos habla de un amor sin medida y una entrega absoluta a la voluntad de Dios Padre.

Nació en Asís (Italia) en 1838. Y como el santo que nos recuerda esa bella ciudad su nombre era Francisco y su apellido Possenti. Era el número once de los trece hijos de una familia de clase media alta; en 1841 murió su madre, cuando solo tenía cuatro años de edad, y fue criado por su padre y hermanos. Su padre era un personaje muy importante en aquel entonces: comerciante y político.
El joven era sumamente esmerado en vestirse a la última moda y como era un joven elegante y tenía un trato muy refinado, a la vez que repleto de alegría y gran agilidad para bailar, lo hacían el preferido de las muchachas en las fiestas.

Tuvo la suerte de educarse con dos comunidades excelentes: los Hermanos Cristianos y los Padres Jesuitas; las enseñanzas recibidas en los colegios le ayudaron fortalecer su vida, su espiritualidad y su fe.

Seguramente lo más notable de su vida fue la tensión vivida en su primera juventud, ya que rodeado de un entorno afable y lleno de comodidades y atraído por una forma de vida más frívola, negaba su llamado a la vocación religiosa, no sin pocos conflictos personales y cierta angustia.

Al terminar el bachillerato, y cuando ya iba a empezar sus estudios universitarios, padeció una seria enfermedad y que un año después se agrava mucho más. Lleno de fe invoca la intercesión de un santo jesuita martirizado en las misiones y al colocarse una reliquia de aquel mártir sobre su pecho, se queda dormido y cuando despierta está curado milagrosamente. Estos dos procesos marcaron su vida y se cuestiona nuevamente su vocación. Pide ser admitido como jesuita y es aceptado, pero luego piensa que para su vida de hombre tan mundano, lo que está necesitando es un tipo de vida más rigurosa y una comunidad religiosa que viviera esos ideales, y es éste el motivo que lo hace dejar para más tarde su entrada a la comunidad religiosa de los pasionistas.

Años después, estalla en Italia la peste del cólera. Miles y miles de personas van muriendo día por día, entre ellas la hermana que él más quiere. Y es así que considera firmemente el llamado de Dios. Se suma a esto una experiencia mística en una procesión con la imagen de la Virgen Santísima, en donde levanta sus ojos hacia la imagen de la Madre y ve que Ella lo mira fijamente con una mirada que jamás había sentido en su vida. Ante esto ya no puede resistir más. Finalmente entra a una comunidad de un estilo de vida muy riguroso, la comunidad de los Padres Pasionistas.

Al entrar de religioso se cambia el nombre y en adelante se llamará Gabriel de la Dolorosa. Gabriel, que significa: el que lleva mensajes de Dios. Y de la Dolorosa, porque su devoción mariana más querida consiste en recordar los siete dolores o penas que sufrió la Virgen María. Desde entonces será un hombre totalmente transformado.

Acostumbrado a una vida de holgura, la transición a la cotidianidad del claustro fue bastante abrumadora, sin embargo, dicen los que compartieron su vida con él, que se mostraba siempre alegre, vital y lleno de amor a Dios y a sus hermanos.

Cuando apenas llevaba cuatro años de vida religiosa, aparecieron los primeros síntomas de tuberculosis, enfermedad que le impidió continuar con los deberes de la vida comunitaria. La paciencia en la debilidad, los sufrimientos corporales y la total sumisión a las condiciones que los superiores le imponían, se convirtieron en las principales características de la santidad de San Gabriel.

Y el 27 de febrero de 1862, antes de cumplir los 25 años, murió en el Monasterio Pasionista de Isola del Gran Sasso.

Poco después y por su intercesión, empezaron a realizarse milagros. El 13 de mayo de 1920 el Papa Benedicto XV lo declara Santo de la Iglesia. Pío XII lo bautizó como "El Santo de la Sonrisa". En el año 1926 el Papa Pío XI lo nombró Patrono de los Jóvenes Laicos que se dedican al apostolado.

Cada vez que leemos la vida de los santos, hallamos una ocasión propicia para revisar nuestro estilo de vida, pero además, nos ofrecen un ejemplo de vida concreto y nos regalan pautas para nuestra propia vida de fe, para ser cristianos más comprometidos y para seguir a Jesús de manera más decidida. La santidad es un don que Dios nos regala pero también es una tarea de cada uno de nosotros, es un proyecto de vida, un desafío para vivir todos los días.

En San Gabriel sin duda, su estilo de vida está marcado por la actitud apasionada, por la alegría permanente, y por su entrega absoluta al amor del Padre.
Dios nos de la gracia que su espíritu llene de manera abundante a nuestra comunidad, a nuestra parroquia y colegio. Que San Gabriel inspire y cuide muy especialmente a nuestros jóvenes.

San Gabriel, ruega por nosotros.